viernes, 6 de marzo de 2026

 Hace treinta años comenzó un camino. No empezó en grandes salones ni en escenarios de poder, sino en los territorios sencillos donde la vida ocurre con mayor verdad. Fue en Ortega, entre calles, veredas y conversaciones humanas, donde empezó a tejerse la historia de la Corporación Laboratorios Pedagógicos de Familia y el proceso pedagógico impulsado por Marcelo Torres Cruz.

Desde entonces el camino ha sido largo y generoso. Ha pasado por veredas silenciosas, por ciudades agitadas, por colegios, instituciones, empresas y muchos lugares donde siempre hay una familia, una comunidad y una esperanza esperando ser escuchada. Durante tres décadas se han sembrado palabras, encuentros y aprendizajes que buscan algo sencillo y profundo: que los seres humanos vuelvan a encontrarse con su propia dignidad y con la posibilidad de vivir con más conciencia, más cuidado y más humanidad.
El pasado domingo 1 de marzo nos reunimos para celebrar estos treinta años. No fue una celebración ostentosa, sino una de esas celebraciones que nacen del afecto. Llegaron amigos, organizaciones aliadas y muchas personas que han caminado junto a este proyecto a lo largo del tiempo. Compartimos una torta, un almuerzo sencillo y, sobre todo, la alegría de sabernos parte de una historia colectiva.
Porque cuando se mira hacia atrás, lo que se descubre no son solo años acumulados, sino caminos recorridos juntos. Y cuando se mira hacia adelante, lo que aparece no es el cansancio, sino la certeza de que todavía hay mucho por sembrar.
Treinta años después, seguimos celebrando lo más importante: la vida, la esperanza y los sueños. Y seguimos caminando, como al principio, con la convicción de que cada encuentro humano puede ser también el inicio de una transformación.




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