domingo, 20 de septiembre de 2026

Cuando dejamos de luchar contra lo que sentimos

Cuando dejamos de luchar contra lo que sentimos
Por Marcelo Torres Cruz
Hay emociones que no desaparecen porque las ignoremos; al contrario, se quedan viviendo en algún rincón de nosotros, esperando el momento en que bajemos la guardia. Intentamos controlarlas, esconderlas, hacer como si no existieran, pero aquello que no queremos sentir encuentra siempre una manera de regresar. A veces aparece en el silencio de la noche, en una conversación que nos incomoda, en el cuerpo que se tensa sin explicación. No es la emoción la que nos destruye, sino la guerra que emprendemos contra ella.
Tal vez por eso aceptar lo que sentimos sea una forma de valentía. No significa resignarse ni dejar que una emoción gobierne nuestra vida. Significa sentarse frente a ella y preguntarle qué viene a decirnos. Escuchar la tristeza sin convertirla en derrota, reconocer la rabia sin convertirla en violencia, permitir el miedo sin entregarle el control de nuestro destino. Cuando dejamos de huir de aquello que nos duele, algo comienza a transformarse: la emoción deja de ser un enemigo y se convierte en un mensaje.
Quizás sanar no consista en sentir menos, sino en aprender a permanecer junto a lo que sentimos sin destruirnos por ello. Hay dolores que necesitan ser llorados, pérdidas que necesitan silencio y heridas que necesitan tiempo. La vida no siempre nos pide respuestas inmediatas; a veces solamente nos pide presencia. Y cuando finalmente dejamos de luchar contra nosotros mismos, descubrimos que muchas de aquellas emociones que parecían enormes comienzan a perder fuerza. Entonces aparece, poco a poco, algo parecido a la paz.

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